Explicación sobre los eclipses
La órbita de la Luna se sitúa en un plano muy cercano al de la órbita terrestre. Vistos desde la Tierra, la Luna, el Sol y todos los planetas, se mueven por la misma zona del cielo, que conocemos como banda zodiacal o zodíaco. Al comienzo de la Primavera el Sol se encuentra delante de las estrellas de Piscis, los peces. Según avanza la estación va pasando a la de Aries, y Tauro. Justo antes de abandonar esta constelación comienza el Verano y pronto se adentra en Géminis, ...Cáncer, y Leo. El Otoño comienza con el Sol entre las estrellas de Virgo, la Virgen, y permanece en esta constelación hasta finales de Octubre, momento en el que pasa a Libra, Escorpio, Ofiuco y Sagitario. Entonces comienza el Invierno y se completa el ciclo anual con el Sol atravesando la región de Capricornio, Acuario y de nuevo Piscis.
Por una verdadera casualidad de la naturaleza ocurre que, vistos desde la Tierra, los tamaños aparentes de la Luna y el Sol son, en la actualidad, casi idénticos. Debido a ello, y bajo las condiciones adecuadas, el disco de la Luna oculta ó eclipsa completamente el disco del Sol, y provoca el fantástico espectáculo que estamos a punto de contemplar.
Los eclipses de Sol tienen lugar en Luna nueva. Es el momento
en el que la Luna presenta a la Tierra su hemisferio no iluminado por el
Sol y por tanto, cuando puede taparlo. En este momento la Luna se coloca
entre el Sol y la Tierra... Este alineamiento se denomina conjunción.
De manera análoga, cuando es la Tierra la que se interpone entre
la Luna y el Sol, algo que sucede en el lado contrario de la órbita
lunar, es decir, en Luna Llena, el satélite puede quedar dentro de
la sombra del planeta, produciéndose un eclipse lunar.

Sin embargo, no siempre que hay Luna nueva se produce un eclipse de Sol. ¡Si fuera así, tendríamos un eclipse al mes! Esto es debido a que la órbita de la Luna está inclinada con respecto a la de la Tierra. Ambos planos orbitales sólo se separan 5 grados, pero esto es suficiente como para que los eclipses sean fenómenos relativamente raros.
Intentemos explicarlo: los cuerpos celestes como la Tierra, la Luna o los planetas, describen órbitas en su movimiento. Estas trayectorias planas son curvas como la circunferencia o la elipse, debido a la atracción gravitatoria. Por ejemplo, la órbita de la Tierra en torno al Sol define un plano que se conoce desde hace miles de años con el nombre de eclíptica, como ven, una palabra relacionada con eclipse.

Vista desde la Tierra, la Eclíptica es la línea imaginaria por la que se mueve el Sol a lo largo de un año. Por su parte, la Luna orbita en torno a la Tierra, dando una vuelta cada mes aproximadamente, por esta línea, según la vemos desde aquí. Esta órbita define un plano diferente, separado como comentaba, 5 grados de la eclíptica.
Ambos planos se cortan en una línea en el espacio o, tal como podemos verlo, en dos puntos opuestos llamados nodos. Sólo cuando la conjunción entre el Sol y la Luna se produce cerca de estos nodos tenemos un eclipse, porque si no ambos astros estarán demasiado separados como para que la Luna tape al Sol.

Si la Luna nueva tiene lugar estando el Sol en esta posición, NO se producirá eclipse, esto es lo que ocurre la mayor parte de las veces. Como vemos, la Luna Nueva pasa por encima o por debajo del Sol sin llegar a ocultarlo. El caso que nos interesa ocurre cuando la Luna Nueva se produce estando el Sol muy cerca de este nodo. En estas condiciones el avance de la Luna en su órbita, hace que visto desde ciertos lugares de la Tierra, el disco del Sol vaya siendo progresivamente ocultado.
El fenómeno completo puede durar varias horas, pero los instantes mágicos de la totalidad no se extienden más allá de unos pocos minutos. Solamente en una estrecha franja se puede observar la totalidad. En torno a ella se encuentra la región donde el eclipse se ve como parcial, la Luna no se alinea perfectamente con el Sol y sólo lo oculta en parte, bien por encima, bien por debajo. A medida que la Luna se mueve alrededor de la Tierra, y ésta gira alrededor de su eje, la sombra de la Luna se desplaza a más de 1700 kilómetros por hora, pudiendo recorrer varios miles de kilómetros durante todo un eclipse.
Aún hay más: como las órbitas de la Tierra y de la Luna no son circulares, las distancias entre la Luna, la Tierra y el Sol cambian ligeramente. Por ello, vistos desde la Tierra, la Luna y el Sol no se ven siempre con el mismo tamaño exactamente. Cuando la Luna se encuentra en el punto más alejado de su órbita, su tamaño aparente disminuye hasta un 5% y el disco lunar no consigue tapar el Sol del todo. Se produce entonces un eclipse anular de Sol. Por el contrario, cuando la Luna se encuentra en el punto más cercano de su órbita, su tamaño aparente aumenta hasta un 5% y ahora el disco lunar logra tapar el Sol por completo. Se produce entonces un eclipse total de Sol que puede llegar a durar hasta ocho minutos. Ocho minutos sin Sol ¡en pleno día!
HISTORIA Y MITOS
Puesto que la naturaleza de los eclipses fue desconocida durante muchos siglos, con frecuencia fueron vistos con desconfianza e incluso miedo. Para explicar los eclipses muchos pueblos inventaron leyendas de lo más increíble, así como las creencias supersticiosas más desconcertantes. Dragones, lobos, serpientes, cerdos devoran al Sol durante unos minutos. Magos o brujas le echan sortilegios, le hacen desaparecer por medio de encantamientos. Los chinos y los indios gritaban, golpeando sus gongs, para que el asaltante abandonara su presa. Los aztecas se flagelaban o refugiaban en los cursos de agua, los antiguos romanos dirigían antorchas al cielo, como sustituyendo al Sol eclipsado. Sin embargo, con el avance de la ciencia, los eclipses sirvieron incluso para demostrar la validez de la teoría de la relatividad general. Veamos algunos eclipses "históricos":
China. Eclipse de Tchong Kang. 2134 a.C.
El primer registro histórico de un eclipse concreto se piensa que
lo recoge una leyenda de la antigua China en una fecha en torno al 2100
a.C., bajo el reinado de Tchong Kang, en plena dinastía Hsia. Este
eclipse fue motivo de que las familias de los astrónomos reales Hsi
y Hwo fuesen todos decapitados. Se les acusó de estar bebidos y no
haber sido capaces de llevar a cabo los rituales necesarios para ahuyentar
el dragón que se comió el Sol, causando el pánico y
caos por todo el reino.
Antiguo Egipto. 2000 a.C. Ra
No se conoce ningún eclipse concreto que dejase huella en la época
de los faraones, pero, sin duda, los primeros registros de eclipses de Sol
muy probablemente fueron llevados a cabo por los egipcios. La representación
del dios Ra, un disco flanqueado por dos largas alas, recuerda mucho al
aspecto del Sol y la corona durante un eclipse total.
Antigua Grecia. Eclipse de Tales de Mileto 28 Mayo 584 a.C.
El primer eclipse solar que pudo predecirse a partir de los registros históricos
de anteriores eclipses pudo ser perfectamente el que tuvo lugar el año
584 a.C. Aunque fechas tan remotas estarán siempre perdidas en el
mundo de las leyendas, se cuenta que la totalidad llegó justo en
el momento más crítico de una batalla entre los Medos y los
Lidios, dos antiguos pueblos de Asia Menor. El brusco paso a la noche les
sorprendió tanto que decidieron finalizar la guerra que mantenían
desde cinco años atrás, sellando la paz con un doble matrimonio.
Herodoto lo cuenta así:
"Ninguna nación parecía ganar la guerra, cuando en
el sexto año, en el curso de una batalla, como la acción de
guerra se enardeciera, el día fue repentinamente cambiado en noche.
Los Medos y los Lidios, viendo esto, cesaron los combates y concertaron
la paz”.
Sin embargo, este eclipse es más famoso porque según la leyenda
fue previsto por el famoso científico griego Tales de Mileto, el
más antiguo y el más ilustre de los Siete sabios de Grecia.
Se cree que se basó para ello en los registros históricos
de los astrónomos babilonios.
Eclipse de Tenochtitlán. 13 Abril 1325.
Uno de los pueblos más fascinantes de la historia de
la Tierra fueron los aztecas. Su dios principal era Tonatiuh, el Sol, por
lo que cualquier fenómeno relacionado con este astro tenía
una importancia suprema para estos hombres. Las leyendas aztecas nos cuentan
que sus antecesores andaban vagando en busca del lugar donde fundar su ciudad.
Llegados al lugar elegido, vieron a un águila posada sobre un nopal
devorando a una serpiente y entonces fundaron ahí su ciudad. El águila
era el símbolo azteca de Tonatiuh. Dada la importancia del Sol para
estos pueblos, no sorprende saber que el mismo año de la fundación
se produjo un eclipse total de Sol visible desde la zona. De esta forma,
el dios Sol indicó a su pueblo el lugar correcto donde fundar su
capital, Tenochtitlan, que cuando los conquistadores españoles la
vieron por primera vez en el año 1519, era una inmensa y rica ciudad
de más de cien mil habitantes.
En los viejos códices conservados de la época se menciona
en varias ocasiones el hecho de que el rostro del Sol había sido
mordido y se había apagado. En el siglo XVI se registró una
observación muy curiosa del Sol.
“Durante unos minutos se vieron dentro del Sol una espada de fuego
que lo atravesaba de parte a parte, un asta que de él salía
y una bandera de fuego resplandeciente.”
La descripción anterior podría tratarse de la corona
solar durante un eclipse total, siendo la espada una protuberancia y la
bandera uno de los llamados torrentes coronales, que abandonan la superficie
solar a grandes distancias.
Eclipse de Secchi en España. 18 de Julio de 1860.
El eclipse del 18 de julio de 1860 fue decisivo por la serie de fotos que
se lograron obtener. Desde el monte de San Miguel, en la Península
Ibérica, el padre Secchi demostró que las protuberancias pertenecen
al Sol, puesto que la Luna las cubría progresivamente. Nada mejor
que la descripción que él mismo hizo del eclipse:
“Un eclipse no empieza a presentar una importancia realmente seria
más que a partir del momento en que la Luna tapa el centro del Sol.
La luz empieza a disminuir de una manera perceptible y, cuando se avecina
el momento de la totalidad, esta disminución es tan rápida
que tiene algo de espantoso. Todo se pone triste, sombrío y casi
amenazador. El paisaje más verde se cubre de gris y el cielo toma
un color plomizo. El color y, sobre todo, el descenso de la temperatura
parecen reflejar una disminución en la potencia vital de la naturaleza.
Al mismo tiempo se produce un silencio general, los pájaros desaparecen,
los insectos se esconden; todo parece presagiar un desastre inminente y
terrible.”
“Los observadores fuimos invadidos por un terror involuntario viendo
palidecer al astro del día. Cuando se acercó el momento solemne
todo se quedó tranquilo. En aquellos últimos instantes la
tenue curva del Sol en forma de media luna disminuyó con una velocidad
extraordinaria; los relieves del contorno lunar la dividieron en muchas
partes y, por fin, desapareció. La escena cambia de una manera impensada
y completa. En medio de un cielo color plomo se destaca un disco completamente
negro rodeado por una aureola magnífica de rayos plateados, entre
los cuales centellean hilos de llamas rosáceas. Este espectáculo
es al mismo tiempo terrible y sublime.”
Eclipse de Sol en la Unión Europea. 11 Agosto 1999.
El último eclipse del siglo XX, en el que la totalidad recorría
gran parte de la Europa central, pasando por París, por ejemplo,
generó gran controversia en los medios de comunicación. Quizá
porque se estaba próximo al cambio de siglo y los milenarismos esotéricos
gozaban de mucha popularidad, o simplemente por seguirle la gracia a las
estupideces que decían los astrólogos y algunos otros "iluminados"
como el modisto Paco Rabanne -quien llegó a decir que ese día
se caería la estación espacial MIR sobre la capital francesa-,
unos y otros hablaron del eclipse como si fuera algo muy extraño
o sorpendente.
Era triste constatar que tres mil años después de que los griegos aprendieran a predecir los eclipses, tanta gente acabara creyéndose las patrañas de quienes querían ver las señales del fin del mundo.
Ni que decir tiene, claro, que el mundo no se acabó el 11 de agosto de 1999, ni la estación MIR cayó sobre París ni sobrevino ninguna de las desgracias que se habían predicho.
(el texto reproduce en parte el guión del programa de planetario ECLIPSE, escrito para el Planetario de Pamplona por Nicolás Cardiel, Jesús Gallego y Jaime Zamorano, del Departamento de Astrofísica de la Universidad Complutense de Madrid y Fernando Jáuregui y Javier Armentia, del Planetario de Pamplona)

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