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La Casa Joven de Piedras Blancas es un centro dirigido a jóvenes de entre 14 y 18 años, que busca favorecer su trayectoria educativa y trabajar por su inserción social. Piedras Blancas es un barrio periférico de Montevideo, que en 15 años ha pasado de tener 3.000 a 30.000 habitantes. Un barrio que se caracteriza por su alto índice de población joven y por ser uno de los más castigados por la delincuencia, la desocupación y la pobreza. La muestra presenta cómo en ese contexto Casa Joven realiza con trece de ellos un Taller de Fotografía entre agosto del 2004 y marzo de 2005, que da lugar a una experiencia excepcional de uso de la imagen fotográfica como sitio de resistencia y como oportunidad de sensibilización y extensión del pensamiento visual. Por ello, la muestra constituye una excelente lección de cómo las artes pueden transformar las miradas, y con ello a los sujetos que miran, de cómo puede ser utilizado el arte para educar personas, para rescatar dignidades y para recomponer maltrechas identidades. La exposición está organizada por la Sección de Actividades Culturales de la Universidad Pública de Navarra.
LA MIRADA TRANSFORMADA En la sociedad en la que vivimos, tomar fotografías se ha convertido en un acto casi cotidiano para muchos de nosotros. Pero hay veces en las que el arte, la fotografía en este caso, trasciende el valor del registro de las vidas y los momentos celebrados para convertirse en una inmejorable herramienta de cultivo personal. El pasado invierno en Montevideo tuve ocasión de comprobarlo. En una sala grande y desangelada del centro de la ciudad, junto a unos textos más largos que lo habitual, colgaban treinta fotografías realizadas por trece jóvenes de la barriada de Piedras Blancas. Más allá de la calidad de las imágenes, la carga personal de cada uno de esos pequeños fragmentos de texto mostraba que con cada apertura del obturador los jóvenes habían logrado descerrojar un pestillo de la rutina en la mirada y que, desde entonces, para ellos su barrio ya no iba a ser nunca más lo mismo. Me emocionó que me hubieran dejado entrar generosamente en sus vivencias y sus deseos. Aquí vivimos muy deprisa, consumimos imágenes a un régimen de velocidad que impide cualquier reflexión sobre las mismas. Detenerse, mirar en blanco y negro, seleccionar el motivo, elegir el ángulo, ... mirar en definitiva, dejando que se decante en nuestra existencia y sensibilidad el fruto de la mirada. Es por eso que lo realmente importante de esta exposición para nosotros no reside en la belleza de las fotografías, si bien es cierto que son bellas. Tampoco estriba su interés en que identifiquen o señalesn las desigualdades que dan en injusticias sociales, aunque también lo hacen con gran verdad. Hoy, en la sociedad de la información, el desconocimiento de realidades de penuria y marginalidad no parece ser el escollo principal para alcanzar la equidad o la justicia social. Mucho se ha teorizado y escrito sobre el poder del arte para transformar las sociedades. Pero el arte, como cualquier otra manifestación cultural, puede ponerse al servicio de aquella o cualquier otra pretensión (de prestigio personal, económica, etc.) Pero algunos sabemos que no es el arte el que transforma. Son los usos de las artes los que pueden lograr esos fines u otros diferentes. Por eso, a mi entender, lo realmente valioso para quien contempla estas imágenes y lee los textos que las acompañan está en la gran lección que a este respecto nos regalan los sujetos que hay tras las cámaras. Lo que hace las fotografías importantes es que actúan como testigos gráficos del crecimiento personal de sus autores mediante la transformación de su mirada. Estas fotografías, como otras tantas, son condensados de experiencia de los que cada uno de nosotros tenemos mucho aprendizaje que extraer. Son imágenes que, desde la verdad de su enraizamiento con los jóvenes que las han elaborado, nos mueven con mayor eficacia hacia la identificación con sus protagonistas, hacia la justicia social o la redistribución de la riqueza, que todos los documentos gráficos a los que tan habituados nos suelen tener los informativos. Más que una exposición de fotografías es, en definitiva, una excelente lección de cómo puede ser utilizado el arte para fabricar personas, para rescatar dignidades y para recomponer maltrechas identidades. Algo que nuestras autoridades educativas y buena parte de nuestra sociedad parecen haber ignorado, al ignorar en el paroxismo utilitarista de cada día el enorme valor educativo de las artes. Todo esto es lo que nos ha movido a los organizadores a presentarla ante ustedes, y es lo que nos gustaría que el visitante pudiera llegar a vislumbrar tras las imágenes y los textos. La muestra que tiene el espectador ante sí es, sobre todo, un ejemplo candente de cómo las artes pueden transformar las miradas y con ello los objetos que miran, cómo puede abrirles horizontes de crecimiento personal que la injusticia social había cerrado casi definitivamente, cómo puede iluminar lo que siempre había aparecido oscuro, cómo reinventa el futuro donde no parecía haber ni presente. Una buena razón para agradecer infinitamente a sus autores esa valiosa lección. Imanol
Agirre
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Si me preguntan en qué se caracteriza Marcos, simplemente les diría que observen esta foto que muestra su mayor virtud: su excelente humor. Jonathan Acevedo.
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La alegría que refleja esta escena es difícil de encontrar. En estos tiempos no es común que la gente se tome un descanso, pare sus actividades, y juegue con sus hijos. Gabriela Vila
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Estos botijas de la calle. Al mirarlos a los ojos te dicen todo. Y no sólo te piden una moneda, te piden algo más. Lina Ferreira
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Ella es una amiga que se llama Paola Leyes. Me interesó retratarla por todo lo que pasó en la vida y cómo sigue adelante. Le saqué esta foto con lo que ella más quiere: su hermano, y me sentí contento de haber encontrado un buen retrato. Andrés Acevedo
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Nunca pensé que imágenes tan simples como la de una planta representaran tanta paz y armonía al estar plasmadas en una foto. Jessica Alvez.
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Maicon Carratini
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Los autores de las fotografías son: Andrés Acevedo, Jonathan Acevedo, Jessica Alvez, Nicolás Calvo, Fabián Carratini, Maicon Carratini, Rodney Colman, Lina Ferreira, Valeria Ferreira, Richard Lemos, Luis Ricci, Gabriela Vila y Marcelo Vila.
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Nota de prensa (2 de marzo de 2006) Durante todo el mes de marzo se podrá ver en el Planetario de Pamplona la exposición “La mirada transformada: experiencia fotográfica con adolescentes en Montevideo” organizada por la Universidad Pública de Navarra La muestra supone una experiencia excepcional del uso de la imagen fotográfica como sitio de resistencia y como oportunidad de rescatar dignidades y recomponer maltrechas identidades “La mirada transformada: experiencia fotográfica con adolescentes en Montevideo” es el título de la exposición que durante todo el mes de marzo se podrá ver en el Planetario de Pamplona, organizada por el Aula de Imagen y Sonido de la Universidad Pública de Navarra. La muestra presenta la obra de 13 jóvenes de la Casa Joven de Piedras Blancas, un centro que trabaja por la inserción social en un barrio periférico de Montevideo (Uruguay) de los más castigados por la delincuencia, la desocupación y la pobreza. La obra de estos jóvenes que participaron en un Taller de Fotografía, da lugar a una experiencia excepcional del uso de la imagen fotográfica como sitio de resistencia y como oportunidad de sensibilización y tensión del pensamiento visual. La muestra que se puede ver en el Planetario, constituye así una excelente elección de cómo las artes pueden transformar la mirada y cómo pueden ser utilizadas para rescatar dignidades y recomponer maltrechas identidades. La exposición ha sido inaugurada esta mañana en el Planetario en un acto en el que han estado presentes el Vicerrector de Estudiantes y Extensión Cultural de la Universidad Pública de Navarra, Julián Garrido Segovia, el Director del Planetario, Javier Armentia; y el profesor de Didáctica de la Expresión Plástica de la Universidad Pública de Navarra Imanol Agirre Arriaga, coordinador de esta experiencia, junto a la Asociación Bitartean de expertos en educación artística. La muestra recoge las fotografías de trece jóvenes uruguayos: Rodney Colman, Lina Ferreira, Valeria Ferreira, Richard Lemos, Luis Ricci, Gabriel Vila, Marcelo Vila, Andrés Acevedo, Jessica Alvez, Nicolás Calvo, Fernando Miranda, Gonzalo Bici y Gracian Carratini. El proyecto del Taller de Fotografía de Casa Joven de Piedras Blancas fue dirigido por los educadores Emilio Caputi, Alvaro Rover, Rossana Blanco, Hernan Lahore, Paola Fryd, Rodrigo Camacho y Alejandro Cruz. La muestra se podrá ver hasta el 30 de marzo en horario de lunes a sábado de 11 a 13.30 horas y de 17 a 19.30 horas. Los lunes por la tarde, los domingos y festivos estará cerrado. Además la Universidad Pública de Navarra ofrece a centros escolares la posibilidad de visitas guiadas gratuitas, en la que miembros de la asociación Bitartean, expertos en educación artística, explicarán las posibilidades que esta muestra ofrece como recurso educativo. Ejemplo
de interacción artística y educativa Sin embargo, “las fotografías de estos jóvenes de la barriada de Piedras Blancas, en Montevideo, y las reflexiones que acompañan a sus Imágenes constituyen un brillante ejemplo de interacción entre la acción artística, la intervención social y las buenas prácticas educativas. Son imágenes que, más allá de su indudable calidad estética, muestran cómo la reflexión artística puede llegar a enriquecer y transformar la mirada sobre la realidad que nos rodea y, con ello a los individuos que la habitan”. Así tuvo ocasión este profesor de vivirlo el pasado año durante su estancia en Montevideo. “Allí, en una sala grande y desangelada del centro de la ciudad, junto a unos textos más largos que lo habitual, colgaban treinta fotografías realizadas por trece jóvenes de la barriada de Piedras Blancas. En ellas,, la carga personal de cada uno de esos pequeños fragmentos de texto mostraba que con cada apertura del obturador los jóvenes habían logrado descerrojar un pestillo de la rutina en la mirada y que, desde entonces, para ellos su barrio ya no iba a ser nunca más lo mismo. Me emocionó que me hubieran dejado entrar generosamente en sus vivencias y sus deseos. Pero también me emocionó la gran lección que la exposición brindaba”. La Universidad Pública de Navarra, sensible al valor educativo y transformador que la experiencia ha tenido sobre sus jóvenes protagonistas, entendió que estas experiencias son un ejemplo para quienes se dedican a la educación. De ahí esta muestra promovida por la universidad navarra, en colaboración con el Planetario de Pamplona. Una exposición en la que Imanol Agirre destaca que “lo realmente importante no reside en la belleza de las fotografías, si bien es cierto que son bellas. Tampoco estriba su interés en que identifiquen o señalen las desigualdades que dan en injusticias sociales, aunque también lo hacen con gran verdad. Hoy, en la sociedad de la información, el desconocimiento de realidades de penuria y marginalidad no parece ser el escollo principal para alcanzar la equidad o la justicia social. En cambio, mucho se ha teorizado y escrito sobre el poder del arte para transformar las sociedades. Pero el arte, como cualquier otra manifestación cultural, puede ponerse al servicio de aquella o de cualquier otra pretensión (de prestigio personal, económica, etc.). Pero algunos sabemos que no es el arte el que transforma. Son los 'usos de las artes los que pueden lograr esos fines u otros diferentes”. Porque señala el profesor Agirre “en la sociedad en la que vivimos, tomar fotografías se ha convertido en un acto casi cotidiano para muchos de nosotros. Pero hay veces en las que el arte, la fotografía en este caso, trasciende el valor del registro de las vidas y los momentos celebrados para convertirse en una inmejorable herramienta de cultivo personal”.
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