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Reflexiones desde las estrellas
por Javier Armentia
1.
Tiene el número
trece mala prensa, tradicionalmente se asocia a la mala suerte... o la
mala estrella, como se decía antes. Como el Planetario de Pamplona cumple
trece años de servicio público y como siempre nos hemos dedicado a las
estrellas, hemos decidido conjurar esas supersticiones con más actividades,
que es lo que siempre hemos sabido hacer. Ante todo, seguimos en nuestros
trece. Quede con ello explicada la razón de celebrar este aniversario,
un tanto alejado de la costumbre de centrarse más en el primer aniversario,
o en el quinto, el décimo, el vigésimo o el vigésimo quinto (las bodas
“de plata”) y etcétera etcétera. ¿Por qué no el decimotercero? Simplemente,
nos parece que es tan lícito hacerlo con un número que, por otro lado,
es primo, es decir, sólo es divisible por sí mismo y por la unidad. Tiene,
desde ese matemático punto de vista, algo especial ese 13.
2.
Un 26 de noviembre de 1993 la Infanta Doña Cristina inauguraba el Planetario
de Pamplona, un proyecto nacido años antes de la voluntad del Gobierno
de Navarra y con la participación del Ayuntamiento de Pamplona y Caja
Navarra. Tres grandes pilares sobre los que se asentaba una iniciativa
ambiciosa, una apuesta por la cultura en general, y en concreto por la
cultura científica. El Planetario de Pamplona presentaba ya entonces una
ilusión y un compromiso con la sociedad por dotar a nuestra ciudad de
una infraestructura única, insólita, un tanto sorprendente y, ante todo,
“nueva”. Nueva en sus temáticas y en la forma de abordar el trabajo cultural,
novedosa también en el panorama cultural de la comunidad foral.
3.
Era, y es, el mayor planetario del país, un lugar donde el público se
puede asomar a la imagen del firmamento más parecida a la contemplación
del cielo real, pero donde, gracias a sus sistemas audiovisuales, la experiencia
se convierte en un viaje por el tiempo y el espacio, donde la imagen,
la música y la palabra juegan un papel muy especial, contándonos historias
de nuestro pasado y de nuestro futuro, recogiendo el trabajo de los científicos
o proponiendo las voces de los poetas. El Planetario, además, con sus
salas de exposiciones y la sala de conferencias, aportaba a la ciudad
un nuevo espacio a la cultura, algo muy necesario siempre en una ciudad
en desarrollo.
4.
En 1993 no llegaban a 10 los planetarios y museos de ciencia en España,
y ahora somos ya más del doble. Las diferentes administraciones (locales,
autonómicas, estatales) y también instituciones privadas, han ido apostando
por un ocio inteligente en el que la ciencia tiene un marcado protagonismo.
En un país donde la ciencia sigue relegada a un segundo plano, el Planetario
de Pamplona se convirtió, desde el primer día, en un centro con vocación
de colaboración y desarrollo con todas estas iniciativas. A lo largo de
estos 13 años, desde el pamplonetario hemos promovido colaboraciones y
producciones entre centros, participado en todos los proyectos nacionales
que ha sido posible impulsar, e incluso llegado a una escala internacional,
como uno de los centros de divulgación astronómica más activos. Pertenecer
a una familia pequeña permite esa cercanía, sobre todo cuando hay una
vocación común por llevar la ciencia al público. Ahora tenemos el reto
del año 2007 como “Año de la Ciencia” en España, y el Planetario seguirá
arrimando el hombro por plasmar -como hemos hecho hace unas semanas participando
en las actividades de la Semana de la Ciencia y la Tecnología- esa necesaria
interacción entre el gran público y la ciencia y la tecnología.
5.
La gestión del centro corresponde al Departamento de Educación del Gobierno
de Navarra. Esa vinculación, pero también el convencimiento de la importancia
del mundo escolar para poder proyectar esos contenidos científicos, ha
sido algo fundamental en el desarrollo de muchas de las actividades que
el Planetario de Pamplona ha ido proponiendo. Su “Escuela de Estrellas”
sigue siendo la más avanzada propuesta didáctica de la astronomía, reconocida
en congresos nacionales e internacionales. Pero, sobre todo, saber que
medio millón de alumnos han participado de nuestros viajes por el espacio
y la ciencia, nos convence de que además era necesario. Hay ahora una
generación de jóvenes que han tenido un contacto estrecho con la astronomía
gracias al Planetario de Pamplona. No sabemos si alguno de los que han
pasado, o pasarán en próximas temporadas, llegará a ser astronauta, o
astrónomo, o científico, aunque estamos convencidos de que un día serán
ellos quienes animen a sus hijos a visitar un planetario como el nuestro.
Y hemos visto que muchos de ellos conocen ahora el cielo, saben localizar
la Estrella Polar y algunas constelaciones, gracias a que un día participaron
en nuestras actividades escolares. Y ello ha sido posible en estos 13
primeros años también gracias al patrocinio de Caja Navarra.
6.
Pero no sólo ha sido un centro de apoyo al mundo escolar, sino un lugar
donde las propuestas y las reflexiones han intentado llegar a un público
mucho más amplio. Anualmente, unos 200.000 participantes en las actividades
del Planetario de Pamplona muestran ese efecto en una ciudad como Pamplona,
en una comunidad como Navarra. Esperamos seguir con una programación de
actividades amplia que permita llegar a todas las edades, a todos los
sectores sociales. El Planetario de Pamplona nació para ser de todo el
mundo, y ese es nuestro compromiso también. Decir que en estos 13 años
hemos tenido dos millones y medio de visitantes no es más que constatar
que el trabajo debe continuar.
7.
Desde el principio sabíamos que no éramos un centro “de ciencias”, aunque
éramos -y somos- el espacio cultural donde más lógicamente la ciencia
tiene cabida. De ahí la intensa colaboración con las universidades locales,
en una línea de actividades que seguimos desde el primer día y que marca
también uno de los esqueletos del Planetario de Pamplona. Pero, además,
siempre hemos dado cabida a otras propuestas culturales: la literatura,
el cine, el teatro, el cómic, la música, la danza, el vídeo o el audiovisual
digital... todos los formatos y todos los contenidos culturales son parte
del día a día de la actividad del centro. Con una especial dedicación
a los agentes sociales que trabajan por el desarrollo y la integración.
Organismos gubernamentales y no gubernamentales, propuestas de creadores
individuales o de colectivos, la estrecha colaboración con otros agentes
culturales de nuestro entorno, han sido colaboradores necesarios en convertir
la programación del Planetario de Pamplona en un espejo del mundo en que
vivimos, con sus controversias, sus preocupaciones, sus amenazas y sus
posibilidades. Un totum revolutum donde, sin embargo, las cosas siempre
se han presentado de forma clara y honesta, invitando a la reflexión y
al diálogo.
8.
“Hemos caminado a hombros de gigantes”. La frase de Newton es aún más
cierta en nuestro caso. Poco podría haber hecho el Planetario de Pamplona
sin tener presente el trabajo anterior de muchas personas e instituciones.
Nuestra mirada hacia el pasado ha sido constante, como inspiración para
el progreso, como reconocimiento de aquello de lo que somos deudores.
Grandes nombres de ayer y de hoy han sido protagonistas en el Planetario
y, quizá por eso, este decimotercer aniversario lo celebramos, precisamente,
con el estreno de una producción dedicada a Alfonso X de Castilla, un
rey que supo recoger del pasado el conocimiento e impulsar el saber hacia
el futuro. Hacer una lista de personajes sería prolijo, casi imposible,
y posiblemente injusto porque nos olvidaríamos de algunos nombres necesarios.
9.
En el pasillo de las oficinas del Planetario de Pamplona, un lugar al
que el público normalmente no accede, la cartelería de las actividades
del centro ha ido llenando varias decenas de metros de las paredes. Es
la constatación de que un centro cultural es un proyecto que se va llenando
día a día, que nace -como nació el Planetario de Pamplona hace 13 años-
como un lugar que hay que ir dotando de sentido y de contenidos. Sumando,
nos encontraremos con unas cincuenta producciones audiovisuales, más de
doscientas exposiciones diferentes, quizá un millar de conferencias, cursos,
congresos y otras jornadas que han ido componiendo ese trayecto, y llenando
poco a poco las paredes. Queremos acabar de completar el pasillo, y habrá
que buscar más lugares donde colocar esos testimonios de que el centro
seguirá vivo y coleando.
10.
Hace unos años, una periodista nos comentaba si antes del pamplonetario
había lluvias de estrellas fugaces, eclipses, conjunciones o tránsitos
planetarios, esas cosas del cielo que gracias a nuestro centro han sido
dados a conocer en observaciones públicas y actividades “en directo”,
y también a través de los medios de comunicación. Por supuesto que existían
antes, y que habrá muchas después de que este proyecto, acaso, desaparezca
-en un futuro que esperamos muy muy lejano, ciertamente-. Pero gracias
al Planetario de Pamplona han ido adquiriendo un cierto carácter de cercanía
para todos los que se acercan a esta casa abierta. A pesar de que el cielo
parece quedarnos siempre muy lejos, muy por encima, con esa dosis de misterio
y fascinación, también es cierto que se ha vuelto una experiencia más
cercana y familiar. Y nos encanta saber que, en parte, es por nuestra
culpa.
11.
Un compromiso importante que conviene recordar en momentos como este es
que todo lo que es el Planetario se ha realizado utilizando la inversión
económica que el Gobierno de Navarra dedica anualmente a la sociedad pública
con un criterio estricto de contención en el gasto, buscando la eficiencia
siempre. Algo que también “se le supone”, como el valor en la mili, pero
que para nosotros ha sido un aspecto fundamental. En promedio, el Planetario
de Pamplona se autofinancia en un porcentaje cercano al 40% de su presupuesto.
No es educado hablar de dineros en una celebración de aniversario, pero
conviene recordar que la actividad cultural no tiene por qué ser un dispendio,
sobre todo cuando se hace con vocación de ofrecerse al gran público.
12.
Debería pedir perdón ahora por tanta reflexión que suena a autobombo...
Y reconocer que no sólo nos queda mucho por hacer, sino también que como
siempre, hay luces y sombras. Y que a veces ha sido complicado llevar
a buen puerto muchas actividades. Sin duda, hemos defraudado en ocasiones
las expectativas, en otras simplemente no hemos sabido dar la talla. No
nos consuela saber que hemos intentado hacerlo lo mejor posible, porque
sabemos que a veces no es suficiente. Es cierto que, en esos momentos,
siempre hemos tenido la comprensión de quienes podían habérnoslo echado
en cara. Sabemos que volveremos a meter la pata una y mil veces y nos
ayuda mucho -siempre ha sido así- el escuchar las críticas vengan de donde
vengan. E intentar corregir todo sin perder el objetivo que nos hemos
planteado. Afortunadamente, un público clemente, pero también muy participativo,
nos va permitiendo corregir esas sombras, y esperamos ir aprendiendo en
los 13 próximos años más aún.
13.
He dejado como última reflexión la más necesaria e importante: la que
hace mención al equipo humano del Planetario de Pamplona, que ha sido
el verdadero artífice de todo lo que pasa en el centro. Puede parecer
algo por un lado obvio y por otro lado, un simple brindis al sol, pues
siempre detrás de cada actividad hay un equipo ilusionado que la lleva
a buen puerto. Pero en este caso es aún más cierto, porque se trata de
un equipo pequeño, de catorce personas, completamente volcadas en un servicio
al público que cada día nos exige nuevos retos, más compromiso. Y esto
incluye una pequeña reflexión personal, ya que como director-gerente del
centro me ha tocado liderarlo: no habría sido posible casi nada de lo
que hemos hecho sin esa complicidad de toda la gente del Planetario de
Pamplona. Y, para que no suene a epitafio, puedo asegurar que va a seguir
siendo así, porque no podría hacerse sin todos los cocineros poniendo
su salsita al guiso. Eso, no les quepa duda, nos exige seguir trabajando
duro. Porque cuando uno quiere seguir en sus trece, no puede dormirse
en los laureles (por seguir con frases hechas). A todos, a los que están
dentro y a los que han venido desde fuera -muchos de ellos se acercaron
un día y han seguido siendo amigos cercanos y estrechos colaboradores-,
quiero darles las gracias. Y decirles que mañana seguiremos en el tajo.
Gracias,
por lo tanto.
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